Habiendo sido exacta la fase Llena de Luna, comienza a decrecer la cantidad de luz solar. Se ven favorecidas las actividades sociales y las celebraciones. Habrá quenes puedan vivir momentos afortunado, especialmente alrededor del atardecer y luego de este.
Otros tendrán la posibilidad de introducir cambios en lo que estén haciendo para asegurar el éxito o aprovechar oportunidades de viajar, crecer, ser ascendendido o vivir momentos de alegría.
Conservan las actividades cortidianas las características del miércoles en cuanto a la conveniencia de manternos activos y dispuestos a disfrutar de la belleza de la creación.
Sin olvidar que seguimos con la probabilidad bien alta de que los hehcos que se vivan escriban Historia con letras mayúsculas y en negritas.
Recordamos, este jueves, esos dos actos del
Maestro durante el Séder de Pésaj (la cena pascual judía) y su entrega a
los romanos horas mas tarde, momento en el que asume definitivamente el rol del
Cordero de Dios.
Hace 1.993 años Jesús entró en el piso alto de una casa especialmente escogida por él en Jerusalén, cuando los discípulos ya se hallaban acomodados a la mesa. Antes de asumir su lugar de honor, el Maestro sorprendió a todos con un último acto de enseñanza práctica: se despojó de su manto y, ante el asombro silencioso de quienes lo seguían, se arrodilló para lavarles los pies. Fue un gesto de una humildad sobrecogedora, refrescando a sus seguidores y dándoles la lección final sobre lo que significa liderar desde el servicio, justo antes de dar paso al momento más sagrado de la noche.
Al sentarse finalmente a la cabecera, la atmósfera se volvió solemne y trascendental. Tomó el pan en sus manos, lo bendijo y lo partió, brindándoles su propio cuerpo como sustento eterno. Al alzar el cáliz, compartió con ellos su sangre, sellando una alianza que los presentes apenas empezaban a vislumbrar.
En medio de esa entrega absoluta, Jesús se dirigió a Judas con una entereza magistral; con una mirada que combinaba la autoridad de quien conoce el destino y la paz de quien lo acepta, le indicó que fuera a cumplir con su cometido. Con esa despedida, el Maestro soltó las riendas del tiempo para darse por completo a la humanidad, transformando una cena de adiós en la ofrenda más grande de la historia.
Que este jueves sea de Oro y miel es mi deseos.
Namaste
Susana Colucci
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