El 2 de octubre es un momento especial para reconectar con esa presencia silenciosa que te acompaña desde el primer instante: tu Ángel de la Guarda. Nunca has estado realmente solo.
Cuenta la tradición que, al nacer, se nos asigna un protector silencioso, sutil pero constante que no juzga, no exige y no descansa. Es ese impulso repentino que te hace frenar un segundo antes de cruzar la calle, esa corazonada leve que te dice “por ahí no” y esa paz inexplicable que llega justo en medio del caos. No necesitamos grandes estudios ni prácticas para sentir su presencia, ahí está, esperando que lo escuches.
Angel de mi guarda, dulce compañía
¿Si me desamparas que será de mí?
Ángel de mi guarda intercede ante Dios por mí.
Si sientes el deseo de renovar esa conexión y pedir su guía para los meses que vienen puedes hacer el siguiente ritual:
- Encuentra un lugar tranquilo y limpio. Enciende una vela con intencionalidad, dedicando su luz a la presencia de tu ángel. Coloca un vaso con agua pura al lado de la vela,
- si quieres escribe una carta de gratitud: con tres cosas por las que quieras dar las gracias (situaciones en las que sentiste protección o guía). Luego, redacta una petición sencilla y clara para tu vida en este momento (puedes usar su oración).
- Al finalizar cierra los ojos, toma tres respiraciones profundas (tensando levemente el cuerpo al inhalar y soltando todo el aire con suavidad luego de retenerlo unos segundos) di: Gracias por guiar mis pasos, proteger mi camino y sostener mi luz. De ahora en adelante voy escucharte siempre.
- Deja que la vela se consuma en un lugar seguro y luego de eso puedes beber el agua mientras repites lo que leíste antes.
¡Me cuentas!
Namaste

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